El panorama también alcanza a Mendoza, donde se reunió el comité de presidencia de la entidad, integrado por representantes de 16 provincias. El encuentro coincidió con una actividad destinada a promover la participación de las nuevas generaciones de empresarios pymes.
Uno de los principales indicadores de la situación es la evolución del consumo minorista, que acumula una caída del 2,4% en lo que va del año. El comercio aparece entre los sectores más afectados y, según el relevamiento mensual que realiza la organización empresaria desde hace 16 años, los rubros de indumentaria, calzado y marroquinería se encuentran entre los más castigados.
La posibilidad de una recuperación depende en algunos casos de factores puntuales, como el acceso a financiamiento más económico. En alimentos y bebidas, en cambio, las ventas presentan variaciones según el contexto, mientras que la actividad de las ferreterías está estrechamente vinculada con el nivel general de actividad. También existen diferencias en rubros como perfumería, donde el comportamiento puede estar condicionado por las temporadas de regalos y otros factores específicos.
A esta situación se suma la competencia del comercio electrónico y, particularmente, el crecimiento de las compras internacionales, que representa una dificultad adicional para los comercios locales.
El proceso de cierre y traslado de locales no se limita a Mendoza. La situación también fue señalada en Rosario, donde durante este año se registró una cantidad récord de comercios cerrados. El fenómeno se manifiesta mediante el desplazamiento progresivo de los negocios desde los principales centros comerciales hacia zonas periféricas, hasta llegar en algunos casos a emprendimientos instalados en los propios domicilios de sus dueños.
En Mendoza, además, el debate sobre la actividad comercial se vincula con la transformación de la matriz productiva provincial. Desde el sector empresario se planteó la necesidad de sostener un equilibrio entre el desarrollo energético y otras actividades tradicionales, como la vitivinicultura, al tiempo que se consideró necesario mantener el equilibrio fiscal, reducir la inflación y contar con previsibilidad cambiaria.
Entre los principales reclamos al Gobierno nacional aparece la necesidad de establecer una política que permita recuperar el poder adquisitivo y, de ese modo, impulsar el consumo. También se plantea facilitar el acceso de las pymes al crédito: según los datos expuestos por el sector, actualmente solo una de cada tres empresas puede acceder a un préstamo considerado razonable.
La agenda de reclamos incluye además una revisión de la estructura impositiva, con especial atención sobre ingresos brutos y tasas, junto con modificaciones vinculadas a la devolución del IVA. A esto se suma el pedido de controles más efectivos sobre el contrabando y las ventas ilegales, consideradas una fuente de competencia para los comercios formales.
Desde la representación empresaria también se cuestiona el nivel de interlocución con las autoridades nacionales. El sector sostiene que, pese al peso de las pymes en la economía, su representación dentro de la estructura del Gobierno nacional tiene un rango limitado. Entre las propuestas planteadas figura la creación de un ministerio específico para pequeñas y medianas empresas.
La incorporación de las nuevas generaciones constituye otro de los ejes de la actividad empresaria. Desde el sector se destaca la importancia de preparar a los jóvenes no solo en sus actividades comerciales, sino también en la representación institucional. Entre las características que se consideran necesarias aparecen la vocación de servicio, la sensibilidad social y la capacidad de comprender las distintas realidades económicas existentes entre las provincias.
El avance tecnológico suma otro desafío. La inteligencia artificial y la digitalización pueden modificar las necesidades de empleo, mientras que el comercio electrónico continúa ganando espacio entre los consumidores más jóvenes. La adaptación a estas nuevas modalidades aparece como una necesidad para los pequeños comercios, aunque no todos cuentan con los recursos necesarios para incorporarlas.
Las dificultades también se presentan en cuestiones logísticas. Para algunos negocios pequeños, implementar sistemas de venta online implica afrontar costos relacionados con la entrega y devolución de productos que pueden terminar reduciendo o incluso eliminando el margen de ganancia.
Frente a este escenario, la entidad empresaria sostiene programas de capacitación y formación para sus asociados con el objetivo de facilitar la adaptación a las nuevas herramientas y modalidades de consumo. Sin embargo, reconoce que las posibilidades de incorporar estos cambios son diferentes según el tamaño y las condiciones de cada comercio.

