El indicador utilizado para medir estas diferencias es la denominada dispersión de precios, que compara el valor de un mismo producto entre distintas cadenas de supermercados. Un análisis del Centro de Estudios Cuantitativos en Negocios de la Universidad de San Andrés muestra que el comportamiento varía de manera significativa según el rubro y está relacionado con el grado de competencia existente en cada categoría.
Durante agosto, frutas y verduras registraron la mayor dispersión, con una diferencia de precios del 4,55% entre supermercados. El segundo lugar correspondió a los artículos de higiene y cuidado personal, con 3,61%, mientras que las carnes alcanzaron el 3,40%.
Los pescados también mostraron una diferencia relevante, del 3,18%, por encima de su promedio histórico del 2,8%. En estos rubros, la comparación entre cadenas puede generar un beneficio mayor para los consumidores, especialmente frente a categorías donde los precios presentan una menor variación.
En el extremo contrario se ubicaron las bebidas, con una dispersión de apenas 1,89%, el nivel más bajo registrado entre las categorías analizadas en agosto. Después aparecieron los panificados, con 2,05%; los lácteos, con 2,47%; los productos de limpieza, con 2,67%, y los artículos de almacén, con 2,77%.
En estos últimos casos, las diferencias entre supermercados son más reducidas, por lo que para un consumidor promedio el ahorro potencial puede no compensar el tiempo y los gastos necesarios para trasladarse de un comercio a otro.
El comportamiento observado durante agosto se produjo en un contexto de reducción general de la dispersión. De acuerdo con el análisis de la Universidad de San Andrés, la diferencia de precios entre supermercados disminuyó aproximadamente un tercio durante el último año, aunque el último mes mostró un leve incremento respecto de los períodos anteriores.
La evolución no fue igual para todos los productos. Las diferencias aumentaron en carnes y lácteos, mientras que se redujeron en frutas y verduras. A pesar de estas variaciones, los productos frescos continúan concentrando, en promedio, las mayores oportunidades para encontrar precios diferentes entre cadenas.
El comportamiento de largo plazo refuerza esa tendencia. Entre junio de 2021 y agosto de 2026, el promedio histórico de dispersión para las nueve categorías analizadas fue del 4,4%. Frutas y verduras encabezaron nuevamente el ranking, con una dispersión histórica del 7,9%, casi el doble que la registrada en cualquier otra categoría.
En el otro extremo se ubicaron los pescados, con una dispersión histórica del 2,9%. La diferencia entre la categoría con mayor y menor dispersión histórica alcanzó así los 5,1 puntos porcentuales.
Además de las diferencias entre supermercados, existe otra brecha significativa entre los precios mayoristas y los valores que finalmente llegan a las góndolas. Un informe del Centro de Economía Política Argentina señaló que en agosto la diferencia ponderada entre los precios de los supermercados y los registrados en el Mercado Central de Buenos Aires llegó al 112%, 22 puntos porcentuales por encima del nivel de julio.
La brecha también presentó diferencias marcadas según el producto. La lechuga registró la mayor distancia entre ambos canales, con un 380%, mientras que la batata tuvo la menor, con un 56,7%.
Estos valores muestran que el precio final no depende únicamente del valor registrado en el mercado mayorista. Entre un punto y otro intervienen distintos costos, márgenes y estrategias comerciales, además de diferentes velocidades para trasladar a los consumidores las variaciones de precios que se producen a lo largo de la cadena.

