En la Ciudad de Buenos Aires, los valores relevados el 24 de septiembre mostraron diferencias entre las distintas marcas. En Axion, el litro de nafta súper se ubicaba en $2.149 y el de la versión premium en $2.459. En Shell, los precios eran de $2.185 y $2.479, respectivamente. Para el diésel, los valores se encontraban entre $2.319 y $2.609 por litro, de acuerdo con el producto.
Las subas aplicadas por las petroleras privadas se produjeron después de varias jornadas de incremento del crudo en los mercados internacionales. Shell, Axion y Puma ajustaron sus precios entre un 2% y un 5%, aunque el porcentaje varió según el combustible y la zona. YPF, en cambio, todavía no trasladó ese movimiento a sus surtidores.
La evolución del petróleo es uno de los principales elementos que condicionan los precios de los combustibles. El futuro del Brent había comenzado 2026 en torno de los USD 62 por barril, pero llegó a superar los USD 110 entre fines de marzo y mayo. Luego descendió hasta aproximadamente USD 70 a comienzos de julio y, después de nuevas fluctuaciones, este viernes se ubicaba en USD 98,41. El valor actual continúa por debajo de los máximos alcanzados durante el segundo trimestre.
Las compañías cuentan con un mecanismo de amortiguación conocido como buffer, que permite evitar que las variaciones diarias del petróleo internacional se trasladen de manera inmediata a los precios internos. De esta forma, parte de los movimientos puede ser absorbida y los cambios se distribuyen a lo largo del tiempo.
Ese mecanismo enfrenta ahora una mayor presión debido a que el precio internacional del crudo aumentó más de un 25% desde sus mínimos del año, en un contexto marcado por el recrudecimiento de conflictos bélicos en Irán y Yemen.
Las petroleras privadas reúnen aproximadamente el 45% del mercado minorista, mientras que YPF concentra el 55% restante. En ese escenario, las decisiones de las compañías privadas también generan presión sobre la petrolera estatal, especialmente cuando dejan de absorber parte del incremento internacional mediante el buffer.
El precio de la nafta súper de YPF, establecido en un mínimo de $2.059 por litro, está asociado a un valor internacional del barril cercano a los USD 85. Mantener ese precio frente a una cotización superior implica afrontar temporalmente un costo mayor, con la expectativa de compensarlo cuando el petróleo vuelva a descender.
Al mismo tiempo, si las compañías con menor participación de mercado reducen el uso de ese mecanismo de amortiguación y trasladan las subas a los surtidores, puede producirse un desplazamiento de consumidores hacia las estaciones de YPF. Esto incrementaría las ventas de la petrolera estatal al mismo tiempo que mantiene valores inferiores a los costos de referencia.
El presidente de YPF, Horacio Marín, señaló que una permanencia prolongada del barril en torno de los USD 100 obligaría a adecuar los precios internos. Al mismo tiempo, remarcó que el mercado petrolero mantiene un elevado nivel de volatilidad debido, entre otros factores, a la evolución de los inventarios globales y a las tensiones geopolíticas.
La definición de YPF aparece así como un elemento central para determinar si los aumentos aplicados por las compañías privadas quedan acotados a algunas marcas o terminan extendiéndose al conjunto del mercado.

