La economía argentina crecería 2,6% durante 2026, de acuerdo con la última proyección de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). La estimación implica una reducción de 0,2 puntos porcentuales respecto del cálculo anterior y representa el segundo recorte consecutivo realizado por el organismo, que en junio ya había reducido en 1,6 puntos su previsión para el Producto Bruto Interno (PBI) de este año.

La revisión también alcanzó a las perspectivas para 2027. Para ese período, la OCDE ahora espera una expansión del 3% de la economía argentina, medio punto porcentual menos que el 3,5% proyectado previamente.

En materia de inflación, el organismo modificó sus estimaciones en sentido contrario. Para 2026 prevé una suba de precios del 30,8%, 0,3 puntos por encima de su cálculo anterior. Para 2027, en tanto, elevó la proyección en 4,9 puntos y la ubicó en 20,5%.

A pesar de estas revisiones, el organismo espera que el proceso de desinflación continúe en Argentina y Turquía, aunque advierte sobre dificultades vinculadas con el incremento de los costos de la energía y los fertilizantes.

Las modificaciones en las previsiones argentinas contrastan con los cambios más acotados en las perspectivas para la economía mundial. La OCDE estima que el crecimiento global será del 2,9% en 2026, una décima más que lo previsto en junio. Para los países del G20 proyecta una expansión del 3,1%. En 2027, las estimaciones se ubican en el 3% tanto para la economía mundial como para el conjunto del G20.

Según el organismo, el crecimiento internacional podría verse limitado en el corto plazo por mayores presiones sobre los precios, un menor avance de los ingresos reales y tasas de interés elevadas. Al mismo tiempo, la actividad vinculada con la inteligencia artificial y una eventual moderación de los precios de la energía contribuirían a sostener la expansión hasta 2027.

La OCDE también planteó que la incertidumbre sobre sus proyecciones continúa siendo elevada, principalmente por la evolución de los mercados energéticos. Una normalización más rápida de esos mercados podría reducir las presiones inflacionarias y favorecer la actividad, mientras que nuevas interrupciones o un escenario prolongado de precios elevados podrían generar el efecto contrario.

En este contexto, el organismo señaló que los bancos centrales deberán procurar que las expectativas de inflación permanezcan controladas frente a un eventual nuevo shock energético y a niveles de inflación superiores a los objetivos. También advirtió que podrían ser necesarios cambios adicionales en la política monetaria si las presiones sobre los precios se extienden o si las perspectivas de crecimiento se deterioran de manera significativa.

Entre los riesgos para la economía argentina aparece además el impacto de fenómenos meteorológicos como El Niño. Una afectación de la producción agrícola podría generar consecuencias sobre la oferta y los precios de los alimentos.

El escenario financiero también representa una fuente de incertidumbre. Un aumento de las tasas de interés o rendimientos de las empresas vinculadas con la inteligencia artificial inferiores a los previstos podrían provocar ajustes en los precios de los mercados financieros y afectar las perspectivas de crecimiento. En sentido contrario, una adopción acelerada de tecnologías de inteligencia artificial podría elevar la productividad y generar una expansión económica superior a la proyectada.

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