La diferencia principal entre un vehículo eléctrico y uno de combustión interna es clara. Mientras que el primero se alimenta de electricidad, el segundo requiere de combustible fósil. Sin embargo, más allá de esta característica fundamental, existen varios otros aspectos que los distinguen.

Hasta hace poco, una de las principales disparidades era el costo, dado que los autos eléctricos, al ser importados de Europa, Asia o Norteamérica, estaban sujetos a un arancel del 35%. Esta situación hacía que su precio fuera considerablemente más alto. No obstante, esta brecha ha disminuido, ya que gracias al cupo de 50.000 unidades híbridas y eléctricas que permite al Gobierno su ingreso sin arancel, los precios se han nivelado considerablemente.

Al observar un vehículo eléctrico, se pueden identificar rápidamente tres rasgos distintivos. En primer lugar, carecen de caño de escape; en segundo lugar, emiten un sonido electrónico en lugar del ruido tradicional del motor; y, en tercer lugar, no presentan una parrilla en la parte frontal del auto.

La ausencia del sistema de escape se debe a que no hay un motor de combustión que genere emisiones; el sonido artificial está diseñado para alertar a los peatones de la aproximación del vehículo, mientras que la ausencia de parrilla responde a la falta de necesidad de un radiador, dado que el sistema de refrigeración es distinto. En su lugar, solo se requieren unas pocas entradas de aire para el sistema de climatización interior.

Pese a estos rasgos evidentes, hay varias diferencias menos conocidas en Argentina, donde la adopción de vehículos eléctricos está en sus inicios. Aun así, representan solo el 10% de las ventas totales de vehículos.

En términos de costos operativos, un vehículo eléctrico puede reducir su gasto de movilidad entre un 80% y un 90% en comparación con un vehículo de combustión que utiliza la misma cantidad de combustible.

El ahorro se extiende también al mantenimiento, ya que los autos eléctricos requieren servicio cada 20.000 kilómetros, el doble que los de combustión. Este menor requerimiento se debe a que tienen menos piezas móviles. Por ejemplo, en un vehículo convencional, es necesario cambiar el aceite cada 10.000 kilómetros, además de sustituir el filtro de aceite. Un automóvil eléctrico, en cambio, solo necesita sustituir el aceite de la transmisión cada 40.000 kilómetros. Además, carecen de componentes como el filtro de combustible, sistema de distribución, bujías y catalizadores que son comunes en los autos a combustión.

Sin embargo, hay elementos que ambos tipos de vehículos comparten, como el filtro de aire del habitáculo y el sistema de frenos. En los eléctricos, este último se beneficia de un sistema de regeneración de energía, a través del cual el motor puede frenar simplemente levantando el pie del acelerador, prolongando así la vida útil de las pastillas y discos de freno.

A pesar de las ventajas, los vehículos eléctricos también enfrentan desventajas que requieren ajustes en los hábitos de conducción. En particular, uno de los inconvenientes principales es el tiempo de carga. A diferencia de los 5 minutos que toma llenar el tanque de un auto convencional, la carga de un vehículo eléctrico puede tardar entre 30 minutos y más de una hora, dependiendo de la capacidad de la batería y la potencia del cargador.

Este reto se puede mitigar cambiando la forma de concebir la carga del vehículo, aprovechando el tiempo que el automóvil permanece estacionado. Estadísticamente, un auto particular se encuentra fuera de uso entre el 80% y 90% del día.

Por lo tanto, es esencial contar con un cargador accesible, ya sea en casa o en el lugar de trabajo, lo que permite cargar el vehículo durante la noche o durante el horario laboral. Además, el costo del kilovatio hora es generalmente más bajo en estaciones de carga públicas que en los domicilios.

Otro aspecto a tener en cuenta es la limitada autonomía de estos vehículos, que generalmente no supera los 400 kilómetros en los modelos más accesibles. Esto significa que, al planear un viaje mayor a esa distancia, es crucial ser consciente del tiempo total que tomará el recorrido y la disponibilidad de estaciones de carga a lo largo del trayecto.

Al cargar la batería de un vehículo eléctrico, se debe considerar que no alcanza la potencia máxima desde el 80% hacia arriba, lo que puede hacer que el tiempo de carga se extienda significativamente una vez superada esa franja.

En resumen, para los futuros propietarios de un vehículo eléctrico, adoptar nuevas formas de uso y mentalidad puede transformar estos desafíos en oportunidades mediante una correcta planificación.

By admin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *