La expansión de los vehículos híbridos está modificando el comportamiento del mercado automotor argentino y empieza a marcar diferencias entre los modelos que ofrecen algún grado de electrificación y aquellos que mantienen únicamente motorizaciones convencionales.

Uno de los principales indicadores aparece en las ventas de los Toyota Corolla Cross y Yaris Cross: en ambos casos, las versiones híbridas representan actualmente la mitad de las unidades comercializadas en el país. Una tendencia similar se observa en la gama Ford Territory, que combina alternativas de motorización.

El cambio en las preferencias también se refleja al comparar modelos de segmentos similares. El Renault Boreal, pese a contar con un importante nivel de equipamiento, un diseño atractivo y un precio competitivo, registra un promedio de unas 280 unidades mensuales en lo que va del año. La cifra queda por debajo de las aproximadamente 640 unidades mensuales del Jeep Compass y las 860 del Volkswagen Taos, dos modelos que no disponen de versiones electrificadas.

En el caso de los vehículos con tecnología híbrida, los registros son superiores. El Toyota Corolla Cross alcanza un promedio de 940 unidades mensuales, mientras que el Ford Territory llega a unas 1.730 unidades por mes al considerar conjuntamente sus dos motorizaciones.

El escenario también está obligando a acelerar los tiempos de desarrollo de nuevas alternativas. Desde Renault se señaló que el proyecto del Boreal fue concebido antes del fuerte crecimiento que posteriormente tuvieron los híbridos y que el mercado cambió en pocos meses. La marca cuenta con una versión híbrida del modelo y busca completar los ensayos necesarios para ponerla en circulación, con el objetivo de reducir los plazos dentro de los protocolos requeridos.

Los datos de patentamientos muestran, de todos modos, un mercado con comportamientos muy diferentes según el tipo de vehículo. Entre los 50 modelos con mayor cantidad de matriculaciones durante agosto, 24 registraron bajas respecto de sus niveles anteriores y 26 consiguieron aumentar sus ventas.

Entre las mayores caídas en volumen aparecen el Fiat Argo, con una disminución del 39%; el Nissan Kicks, con el 38%; y el Fiat Cronos, con el 34%. Buena parte de los modelos que perdieron participación utiliza motores nafteros convencionales. Una de las excepciones es la Chevrolet Captiva, un híbrido enchufable que, en este caso, también enfrenta restricciones de disponibilidad vinculadas con su origen en China.

Esta evolución genera una diferencia entre los fabricantes radicados en el país y los importadores. Mientras las empresas con una oferta concentrada en vehículos convencionales encuentran mayores dificultades para sostener sus ventas, las que comercializan unidades con sistemas de electrificación muestran una evolución más favorable.

A la diferencia en las ventas se suma el costo de utilización. Un análisis realizado por la filial argentina de BYD comparó el gasto energético de vehículos eléctricos y convencionales, además de evaluar un híbrido enchufable frente a una alternativa naftera. Para realizar la estimación se tomó un valor promedio de $232 por kWh, considerando tarifas de carga domiciliaria y semipúblicas en el área metropolitana de Buenos Aires. Como referencia, el costo residencial del kWh sin subsidio considerado en el cálculo es de $158,636.

Con un recorrido de 500 kilómetros semanales, equivalente a unos 25.000 kilómetros anuales, el gasto estimado de un vehículo eléctrico llega a $659.390 por año. Para un automóvil naftero, en cambio, asciende a $3.331.672. La diferencia representa un ahorro anual de $2.672.281 a favor de la alternativa eléctrica.

El comportamiento del híbrido enchufable también depende de cuánto se utilice cada fuente de energía. En el caso del Atto 2, si la mitad de los kilómetros se realiza con electricidad y la otra mitad con nafta, el gasto anual estimado alcanza $1.683.883, con una diferencia de $1.800.615 frente al costo calculado para el vehículo naftero.

El ahorro aumenta cuando se utiliza el híbrido en mayor proporción con electricidad. Con una distribución de 70% de los kilómetros con energía eléctrica y 30% con combustible, el gasto anual estimado baja a $1.434.927 y la diferencia respecto del naftero llega a $2.049.570.

Por el contrario, cuando el uso eléctrico representa apenas el 20% del recorrido y el 80% restante se realiza con nafta, el costo anual asciende a $2.057.317. En ese escenario, el ahorro frente al vehículo convencional se reduce a $1.427.181.

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