Mientras la acción de una compañía argentina cotiza en pesos en el mercado local, su ADR se negocia en dólares en Estados Unidos. Además, un certificado puede representar una o varias acciones, o incluso una fracción de ellas. Por eso, comparar directamente los precios de ambos instrumentos puede llevar a conclusiones equivocadas.
La primera clave para homogeneizar los valores es conocer el ratio de conversión del ADR. Este indicador establece cuántas acciones ordinarias equivalen a un certificado. A partir de ese dato, el precio de la acción local debe multiplicarse por la cantidad de títulos representados y luego compararse con el valor en dólares del ADR.
La Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) establece que un ADR puede representar una acción completa, varias acciones o una fracción de una acción. Por ejemplo, si un certificado equivale a diez acciones locales, su precio debe compararse con el valor conjunto de esas diez acciones y no con el precio de una sola.
El ratio de conversión figura en la documentación correspondiente al programa de depósito administrado por el banco depositario. Es importante verificar cómo está expresado, ya que puede indicarse la cantidad de acciones ordinarias representadas por cada ADR o la relación inversa.
Además, esta relación puede modificarse como consecuencia de determinados movimientos corporativos. En esos casos, suele ajustarse la cantidad de certificados en circulación y su precio unitario, de manera similar a lo que ocurre con una división o agrupación de acciones. Estos cambios no generan ni eliminan valor por sí mismos, sino que modifican la cantidad de unidades y su precio.
Por ejemplo, si una acción argentina cotiza a $1.800 y un ADR que representa diez acciones se negocia a US$12, las diez acciones equivalen a $18.000. Al dividir ese valor por los US$12 del certificado, surge un tipo de cambio implícito de $1.500 por dólar.
A partir de esa misma relación, si se toma un tipo de cambio de $1.500, un ADR de US$12 que representa diez acciones se corresponde con un valor de $1.800 por cada acción local.
Para realizar este cálculo en Argentina no debe utilizarse cualquier cotización del dólar. La referencia relevante es el tipo de cambio financiero que permite establecer el vínculo entre los títulos negociados en pesos y los instrumentos denominados en dólares.
El dólar implícito puede obtenerse multiplicando el precio de la acción local por la cantidad de acciones representadas en el ADR y dividiendo ese resultado por el precio del certificado en dólares. La relación puede presentar diferencias debido a cuestiones vinculadas con la liquidez y a la distancia entre los precios de compra y venta.
La cotización de cada instrumento se determina, a su vez, por la oferta y la demanda de su mercado. En Wall Street, el precio del ADR incorpora las expectativas de los inversores sobre la compañía, las novedades que puedan afectar su desempeño, el contexto general del mercado estadounidense y el nivel de liquidez.
En Buenos Aires, la acción local también se mueve de acuerdo con las órdenes de compra y venta. El precio del ADR no se determina automáticamente a partir de la última cotización registrada en Argentina, aunque ambos instrumentos mantienen una estrecha relación económica debido a que el certificado representa una cantidad determinada de acciones de la compañía.
Cuando las regulaciones y las condiciones del programa lo permiten, las acciones locales pueden convertirse en ADR para ser negociadas en Estados Unidos y también puede realizarse el proceso inverso. Esta posibilidad genera un vínculo entre ambos precios y puede favorecer su convergencia cuando las diferencias son suficientemente amplias como para compensar los costos y los tiempos involucrados.
Esta relación también resulta relevante para quienes invierten desde Argentina y tienen su capital denominado en pesos. Un aumento del tipo de cambio financiero puede elevar el valor en moneda local de un activo cuyo precio de referencia está expresado en dólares. Por eso, una variación de la acción argentina puede producirse aun cuando el ADR permanezca relativamente estable.
La dinámica horaria de los mercados también influye. Cuando ambos están operativos, la nueva información puede incorporarse primero en aquel que concentre un mayor volumen de operaciones. Si Wall Street continúa funcionando después del cierre de Buenos Aires, el ADR puede reflejar antes determinados cambios en la valuación, que posteriormente podrían trasladarse a la acción local cuando se reanude la negociación.
Las diferencias entre ambos mercados también pueden dar lugar a operaciones de arbitraje. Cuando un ADR cotiza por encima del valor de las acciones que representa, una estrategia posible consiste en comprar los títulos locales, convertirlos en ADR y vender los certificados en Estados Unidos. Si ocurre lo contrario, el procedimiento puede invertirse: adquirir el ADR, convertirlo en acciones y venderlas en el mercado argentino.
Sin embargo, estas operaciones no están exentas de riesgos. La conversión y la liquidación pueden requerir tiempo, durante el cual los precios pueden modificarse. Para reducir esa exposición, los operadores pueden establecer posiciones coordinadas entre ambos mercados o utilizar estrategias de cobertura, incluidas las ventas en corto cuando están disponibles y permitidas.
La creación y cancelación de ADR involucra generalmente a intermediarios y otros participantes de los mercados internacionales. Las operaciones de arbitraje tienden a incrementar la demanda del activo que cotiza más barato y la oferta del que presenta un precio más elevado, lo que contribuye a reducir las diferencias.
De todos modos, los costos de operación, las comisiones, los plazos de conversión y liquidación y las regulaciones pueden impedir que la brecha desaparezca por completo. Por eso, una diferencia entre el precio de un ADR y el de su acción equivalente en Buenos Aires no necesariamente representa una oportunidad de arbitraje inmediata ni libre de riesgo.

