El fenómeno marca un cambio en el recorrido de los proyectos. La remisión de ganancias supone que determinadas compañías lograron atravesar una etapa de fuertes desembolsos y comenzaron a obtener retornos que permiten distribuir dividendos entre sus accionistas y recuperar parte del capital invertido.
Aunque la actividad petrolera y minera se extiende más allá de la cuenca neuquina, Vaca Muerta adquirió un papel central frente al declive de la producción convencional. Su desarrollo modificó el perfil de la industria energética y comenzó a tener un impacto cada vez mayor sobre las cuentas externas de la Argentina.
Desde diciembre de 2025, cuando el Gobierno habilitó nuevamente el giro de utilidades y dividendos al exterior, las empresas transfirieron US$4.041,4 millones. El sector de petróleo y gas concentró el 25% de ese total, con US$1.091,5 millones. Le siguieron el agro, con US$683,3 millones, y la minería, con US$492,1 millones.
El volumen girado por las compañías petroleras adquiere relevancia dentro de ese escenario. Los US$1.091,5 millones remitidos por el sector superan incluso los US$800 millones que el Gobierno prevé obtener por la privatización de tres centrales termoeléctricas anunciadas recientemente.
El comportamiento de las petroleras también es observado como una señal sobre la evolución de los proyectos. El envío de dividendos al exterior no solo refleja la existencia de ganancias, sino que también muestra que algunas inversiones alcanzaron un nivel de desarrollo que les permite comenzar a generar retornos después de atravesar períodos de elevada inversión.
La evolución del sector energético contrasta, además, con el comportamiento de buena parte de la economía. Un informe del Banco Provincia señaló que 14 de los 16 sectores relevados registraron una contracción durante julio. Entre las excepciones estuvieron Minas y Canteras, con una suba del 6,5%, y Pesca, con un crecimiento del 4,5%, además de Servicios Sociales y de Salud. El análisis vinculó esta divergencia con una menor dinámica del consumo, el crédito y la inversión.
El aporte del complejo energético también comienza a observarse en el frente cambiario. Hasta agosto, la balanza cambiaria acumuló un superávit de US$4.271 millones, explicado por un saldo positivo de US$17.327 millones en bienes y servicios. Ese resultado permitió compensar pagos por intereses y utilidades por US$13.056 millones.
En ese contexto, el giro de dividendos adquiere una particularidad: el sector energético genera un volumen de divisas que contribuye al equilibrio externo incluso mientras aumentan los pagos al exterior vinculados con intereses y utilidades.
La cuestión también aparece vinculada con el proceso de normalización del mercado cambiario impulsado por el Gobierno. Javier Milei sostuvo que las restricciones para las empresas se encuentran prácticamente eliminadas, aunque todavía quedan algunas medidas que serán removidas de manera gradual para preservar la estabilidad macroeconómica. En ese marco, señaló que durante el último trimestre el giro de utilidades había alcanzado cerca de US$4.500 millones.
La evolución de Vaca Muerta, así, suma un nuevo capítulo a un proceso que comenzó con la exploración y el desembolso de grandes inversiones, continuó con el aumento de la producción y las exportaciones y ahora incorpora la capacidad de las compañías para distribuir parte de los resultados obtenidos fuera del país.

