Las tasas de los préstamos personales comenzaron a bajar desde principios de año, aunque el costo de financiarse para las familias continúa en niveles elevados. En paralelo, la morosidad del crédito bancario se mantiene alta y condiciona las estrategias de las entidades para ampliar el financiamiento a los hogares.

A comienzos de 2023, la tasa nominal anual promedio de los préstamos personales se ubicaba en 73,71%. Nueve meses después, las últimas operaciones registradas mostraron una tasa cercana al 64,38%, lo que representa una reducción de 9,3 puntos porcentuales.

Sin embargo, el costo final del financiamiento es considerablemente mayor cuando se incorporan intereses, capital e impuestos. El costo financiero total puede alcanzar el 120%, mientras que la inflación interanual hasta julio fue del 33%. Para los próximos doce meses, las expectativas del mercado ubican la inflación en torno al 21%.

La diferencia entre el costo del crédito y la evolución de los precios se convirtió en uno de los principales obstáculos para la recuperación del financiamiento familiar. Desde el Banco Central señalaron que las entidades que enfrentan elevados niveles de mora pueden intentar compensar esas pérdidas mediante tasas más altas, lo que a su vez dificulta que los deudores puedan afrontar sus compromisos.

El vicepresidente del organismo, Vladimir Werning, advirtió que resulta difícil generar un círculo virtuoso de recuperación del crédito mientras algunas entidades busquen cubrir el costo de la morosidad mediante tasas elevadas aplicadas a las familias. Según los datos expuestos por el funcionario, mientras el financiamiento empresarial se redujo de manera significativa respecto del máximo alcanzado durante las elecciones del año anterior, las tasas de los préstamos personales continúan en niveles elevados.

La situación también repercute sobre la demanda de nuevos créditos. El stock de préstamos personales alcanzó los $21,9 billones durante el último mes relevado, aunque registró una caída real interanual del 7,6%.

La morosidad muestra además diferencias importantes según el tipo de financiamiento. Hasta mayo, los préstamos personales otorgados directamente a individuos registraban una mora del 15,9%. En las tarjetas de crédito el indicador llegaba al 11,7%, mientras que los créditos hipotecarios presentaban una mora del 2,1% y los prendarios del 5,8%.

El escenario llevó a las entidades financieras a adoptar una posición más prudente. Una de las estrategias posibles consiste en ampliar la cantidad de personas que acceden al crédito y compensar eventuales incumplimientos mediante tasas más elevadas. Bajo este esquema, cuanto mayor es la morosidad, mayor es la tasa necesaria para cubrir tanto los intereses como el capital que dejan de pagar los clientes.

La otra alternativa consiste en mantener tasas más acotadas y restringir el acceso al financiamiento mediante una selección más rigurosa de los potenciales deudores. De esta forma, el riesgo se reduce a través de un menor número de personas habilitadas para tomar préstamos.

El elevado nivel de las tasas, en conjunto con la morosidad, también limita la posibilidad de que los bancos implementen planes comerciales más agresivos. El crédito destinado a las familias enfrenta así un escenario diferente al registrado durante 2024, cuando había mostrado una recuperación más marcada.

Incluso si se produce una mejora tanto en las tasas como en los niveles de incumplimiento, las perspectivas apuntan a una recuperación gradual. Las entidades financieras mantendrían una mayor cautela a la hora de ampliar el financiamiento a los hogares, mientras que el costo real de los préstamos continúa funcionando como un factor que desalienta el endeudamiento.

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