El mercado laboral en Argentina está experimentando una transformación significativa según Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina.

Salvia señaló que en la última década se ha observado una tendencia marcada por la disminución de puestos asalariados y el aumento del autoempleo informal, lo que ha creado una creciente brecha entre los sectores más dinámicos de la economía y aquellos que subsisten en trabajos precarios.

Destacó que el deterioro del empleo registrado es uno de los cambios más relevantes en el contexto laboral argentino. “Estamos viendo un proceso de deterioro del mercado de trabajo en donde se perdió trabajo asalariado y se generó mayor trabajo de autoempleo, cuenta propia, emprendimientos de distinta naturaleza”, afirmó. Detalló que se han perdido cerca de un millón de empleos formales en los últimos diez años, de los cuales aproximadamente la mitad corresponde a los últimos dos o tres años.

Salvia explicó que la reducción de empleo en el sector formal ha llevado a un número creciente de personas a buscar formas de trabajo independiente e informal. Este fenómeno, señaló, es reflejo de la falta de oportunidades en el ámbito laboral registrado, lo que lleva a muchos a recurrir al autoempleo informal como primera opción al quedar desempleados. “En situación de desempleo, la opción disponible es pasar a un autoempleo informal. No tenés un empleo formal asalariado disponible, entonces la primera reacción que tenés es pasar a un rebusque”, describió.

Según un relevamiento del Observatorio de la Deuda Social Argentina, el 29% de quienes pierden su empleo terminan en este tipo de ocupaciones, una tendencia que, aunque ya existía entre 2011 y 2013, ha mostrado un agravamiento notable en la actualidad.

No obstante, el investigador aclaró que no toda forma de autoempleo se basa en la misma lógica. Indicó que existe un segmento de trabajadores técnicos y profesionales que prefieren independizarse para desarrollar actividades relacionadas con la economía del conocimiento y los servicios digitales. “Hay una parte de la mano de obra técnico profesional que va al autoempleo, pero formal. Trabajadores que son productores digitales, de contenidos digitales. Esos trabajadores prefieren dejar un trabajo asalariado y constituirse en un trabajo independiente. Pero ese es un segmento minoritario también de la población”, apuntó.

Salvia subrayó que la expansión del trabajo independiente está marcada por ocupaciones de baja productividad y escasa protección social. A diferencia del sector reducido de profesionales independientes, la mayor parte del crecimiento laboral se asienta en servicios personales, mantenimiento, producción domiciliaria y diversas modalidades de comercialización informal. “Esos sectores crecieron mucho más que el trabajo en plataformas”, dijo, enfatizando que este fenómeno contribuye a la precarización laboral.

Además, relativizó la importancia que se otorga a las aplicaciones en el debate público. Si bien reconoció que estos empleos han crecido en los recientes años, representan apenas entre el 6% y el 7% de la fuerza laboral. Muchos de esos trabajadores carecen de protección social. “En Argentina, el nivel de subregistración o no registración es el más alto. Esos empleos, la gente trabaja y no quiere hacer su aporte. Eventualmente, en el mejor de los escenarios, le hacen algún aporte a la Seguridad Social, pero en general lo dejan a voluntad del trabajador”, aseguró.

Salvia mencionó que la situación más crítica se encuentra en quienes realizan tareas informales o changas. Este grupo, según su análisis, comprende un porcentaje notablemente superior al de los trabajadores de plataformas y es uno de los principales focos de pobreza estructural en el país.

“El vendedor ambulante, el limpiavidrios, el trabajador que hace changas constituye el 25, 30% de la fuerza de trabajo en Argentina, el trabajador marginal. Esa Argentina sigue produciendo pobreza estructural”, resumió.

Otro aspecto vital que subrayó fue el incremento del endeudamiento entre quienes dependen del trabajo informal. Un ejemplo de esto son los repartidores de aplicaciones, quienes a menudo financian la compra o reparación de sus herramientas de trabajo a través de créditos ligados a las propias plataformas. “Los trabajadores de aplicaciones en promedio están endeudados en novecientos mil pesos con su propia aplicación, para comprar o arreglar motos y bicicletas para seguir trabajando”, explicó.

Salvia atribuyó esta situación a las expectativas de recuperación económica que surgieron a finales de 2024. Muchas familias asumieron deudas con la creencia de que la situación mejoraría en 2025, un escenario que finalmente no se materializó. “La gente se endeudó porque pensó que 2025 iba a ser un año extraordinario. Pero lo que vino después se fue para abajo”, indicó en relación al impacto de este cambio de expectativas en los ingresos de muchos trabajadores.

Más allá del incremento del empleo informal, el investigador considera que el principal problema del mercado laboral argentino es su creciente fragmentación. Mientras un pequeño sector logra integrarse en actividades de alta productividad y salarios competitivos, una porción mayoritaria permanece atrapada en trabajos precarios con pocas oportunidades para la movilidad social. “Mientras en el sector más dinámico de la economía vas observando un proceso de movilidad social ascendente, la pequeña y mediana empresa no crea empleo y los empleos que crea son más precarios”, remarcó.

Salvia destacó que las mejoras en la situación laboral solo benefician a una fracción de la población. “Hay movilidad social ascendente en el segmento técnico profesional, en los segmentos dinámicos. Nada más que esa es la Argentina para 10, 15 millones de habitantes”, indicó, advirtiendo que el resto enfrenta un mercado laboral caracterizado por baja productividad e informalidad.

Finalmente, comparó la evolución de Argentina con la de otros países de la región y afirmó que, a diferencia de Chile, las transiciones laborales han sido menos abruptas. En este contexto, cuestionó el enfoque del análisis público, que se centra únicamente en la tasa oficial de desocupación y propuso incluir también el impacto de las ocupaciones de baja productividad en la evaluación del empleo. “La desocupación no es del 6%. Si sumás los trabajos de changa de distinta naturaleza, el desempleo en Argentina se acerca al 28 o 30%”, afirmó.

En resumen, destacó que el país enfrenta un dilema estructural que va más allá de la creación de empleo: “Hoy tenés un 30% de la fuerza de trabajo en Argentina de alta productividad, pero un 70% de subproductividad”.

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