El sector agropecuario sostiene altas expectativas sobre el crecimiento económico promovido por la administración actual, dejando atrás periodos de pesimismo y avizorando un futuro optimista, aunque —por el momento— sin hacer grandes desembolsos.

El último Agribusiness Confidence Index de la Universidad Austral indica que la confianza de los productores ha experimentado un aumento del 14 por ciento, colocando las proyecciones de inversión en activos fijos a solo un paso de alcanzar un récord histórico. En términos generales, el 63% de los encuestados considera que es un ‘buen momento’ para invertir capital.

A pesar de esto, en las concesionarias de maquinaria y en las corraleras, la situación avanza a un ritmo diferente. Las chequeras permanecen guardadas y el financiamiento disponible no logra atraer a interesados entusiastas.

La respuesta más inmediata podría indicar que las retenciones son el principal impedimento. Los Derechos de Exportación (DEX), en efecto, siguen siendo un lastre histórico.

Sin embargo, el propio informe de la entidad académica revela un cambio en la narrativa: al analizar el valor de la tierra —un indicador real de la inversión a largo plazo—, el 49% de los productores sostiene que la rentabilidad pura del negocio pesa más que la presión impositiva actual.

La preocupación ha evolucionado: ya no se trata únicamente de lo que retiene el Estado, sino de la sostenibilidad del negocio en un entorno global complicado. El verdadero motivo que genera inquietud en el sector agropecuario y paraliza las decisiones de inversión no radica en factores económicos inmediatos, sino en consideraciones políticas de largo alcance.

Las inversiones en el agro poseen ciclos biológicos y tecnológicos que trascienden cualquier mandato gubernamental breve. Por esta razón, la perspectiva de los productores se orienta hacia el mediano plazo: la incertidumbre política en torno a las elecciones presidenciales de 2027 se ha convertido en la principal fuente de cautela.

‘Es importante mencionar que estas expectativas positivas sobre la inversión en activos fijos (maquinarias, equipo, vientres vacunos, entre otros) aún no se traducen en inversiones efectivas, a pesar de la disminución de las tasas de interés y una mayor disponibilidad de créditos’, sostiene el informe.

En este contexto, la posibilidad de un nuevo cambio radical en las reglas del juego —el histórico ‘péndulo argentino’— pesa más en la balanza que las tasas de interés actuales o las medidas de flexibilización crediticia.

Los productores están dispuestos a maximizar su producción con lo que ya tienen, pero prefieren evitar riesgos financieros ante la eventualidad de un ajuste regulatorio en el futuro.

Este enfoque a largo plazo ha reconfigurado las prioridades analíticas en el sector. Aunque la presión por los Derechos de Exportación (DEX) sigue presente en el discurso institucional, el informe de la Universidad Austral revela un cambio en el diagnóstico técnico sobre lo que realmente define el valor de su mayor activo: la tierra.

El 49% de los productores activos asegura que los márgenes netos de producción son el factor determinante del valor de sus campos, mientras que las políticas agropecuarias y la carga impositiva han quedado relegadas a un 44%.

El estrangulamiento actual es resultado de los precios internacionales estancados y costos locales persistentes. De hecho, el 58% de los productores agrícolas declara que su estado financiero depende directamente de la disminución de los precios de los insumos, un factor que a día de hoy afecta al negocio con igual o mayor peso que la propia quita de retenciones.

Por otro lado, los recientes incentivos fiscales anunciados en la Bolsa de Cereales no lograron incentivar significativamente el movimiento del mercado. Si bien un 44% considera que tendrán un impacto notable, un 29% los ve como simples anuncios políticos sin efectos concretos en la rentabilidad.

Incluso entre quienes cultivan trigo, el 90% afirmó que las medidas oficiales no alteraron su decisión de reducir el área sembrada.

Mientras tanto, el informe semanal de la Universidad Austral señala que las urgencias comerciales son evidentes: las ventas de maíz local han aumentado a 800,000 toneladas semanales gracias a la disponibilidad del maíz de ciclo tardío, aunque la comercialización total permanece lenta y el avance de la cosecha se encuentra 14 puntos por detrás debido a problemas de humedad.

Aunque el optimismo general del 14% en el índice de confianza no afecta por igual a todos los actores, esta es una de las razones por las que la inversión se mantiene contenida.

Hay una clara separación entre las dos principales actividades del sector productivo.

La ganadería alcanza niveles del 80% en términos de expectativa a cinco años, impulsada por un favorable contexto macroeconómico: la liquidación de stocks en Estados Unidos (que ha caído a niveles mínimos históricos de 86 millones de cabezas) ha elevado los precios internacionales, en coincidente desregulación local. Esto ha provocado un aumento del 46% en el valor de las exportaciones de carne vacuna a inicios de año.

Por el contrario, la agricultura experimenta un progreso más moderado, alcanzando un 53% de optimismo. Con la soja estancada internacionalmente en el piso de los 400 dólares y los costos de siembra elevados, el negocio agrícola se encuentra en una postura de ‘esperar y ver’, intentando extender la vida útil de su maquinaria actual en lugar de invertir en nuevas.

‘Creemos que la incertidumbre política relacionada con las elecciones de 2027 es lo que más afecta las decisiones de inversión a largo plazo, y en la medida que se clarifique esa situación seguramente se irán concretando las inversiones’, concluyen los especialistas de la Universidad Austral.

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