El caballo en Argentina se ha convertido en un fenómeno de gran relevancia económica, cultural y social. Actualmente, alrededor de 400.000 familias dependen directamente de la actividad relacionada con el caballo. Las distintas disciplinas ecuestres, que incluyen turf, polo, salto y adiestramiento, no solo favorecen el desarrollo del sector rural y el deporte a nivel internacional, sino que también crean empleo y talento que se exporta. En una reciente entrevista, el productor televisivo Fernando Marín proporcionó cifras, contexto y perspectivas sobre la situación presente y futura de esta industria.

La historia del caballo en el país se remonta a 1536. Según Marín, esta especie ha desempeñado un papel fundamental en la narrativa nacional, desde los tiempos de San Martín hasta el florecimiento de la industria actual.

Marín destacó que “hay 400.000 familias que viven directamente en la Argentina de caballo. No son pocas”. Esta cifra refleja el impacto significativo de la industria equina, donde el cuidado del caballo deportivo, en particular, se asemeja al de un atleta profesional.

“Al caballo deportivo se lo cuida como a un atleta, se le da una especialización”, explicó. Las principales disciplinas en la cría del caballo deportivo comprenden polo, salto, turf y adiestramiento, y el proceso de cría es riguroso y normado. Por ejemplo, el “sangre pura de carrera” o SPC requiere el contacto directo entre el caballo y la yegua durante la reproducción. “Hay una obligatoriedad; si no, te cierran el establecimiento”, afirmó Marín.

El ciclo de vida de un caballo de carrera inicia con once meses de gestación. Al nacer, los potrillos comienzan diferentes rutinas de entrenamiento. “El caballo entre los dos años y los tres y medio es potrillo. Y se cruzan con los caballos adultos en la competencia a partir de los cuatro años”, explicó Marín. Este proceso implica cuidados que incluyen alimentación, trabajo diario, y atenciones veterinarias y de herrería.

Sobre la doma, Marín detalló que “la doma es el trote, el galope, el estar de tiro y demás”. También agregó que, debido al instinto de miedo a los depredadores por naturaleza, es esencial construir confianza mutua durante la doma.

En el turf, los caballos “debutan a los dos años y tienen su vida útil hasta los seis o siete, aunque hay excepciones”, subrayó Marín. Entre las competencias más destacadas del turf argentino se encuentran la “Polla de Potrillos”, la “Polla de Potrancas”, el “Jockey Club”, el “Gran Premio Nacional” y el “Pellegrini”, este último considerado el evento más significativo del turf en el país.

Respecto a la gestión de las carreras, Marín fue claro: “Cada hombre tiene como máximo tres caballos, nada más”. El entrenamiento incluye trabajo diario junto al jockey y un riguroso control veterinario, y el uso de suplementos está permitido bajo regulaciones establecidas.

La exportación y venta de caballos sangre pura de carrera representan un negocio de gran envergadura. “Millones de dólares afuera. Y acá, lógicamente, por nuestro nivel, que es una usina generadora de caballos para el mundo”, enfatizó Marín.

El productor también resaltó la excelencia argentina en polo, que se encuentra en el centro de esta dinámica industria.

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