Los datos difundidos por el Banco Central muestran que la carga tributaria representa el 27,1% del Costo Financiero Total (CFT) de los préstamos personales y el 28,2% en los saldos de las tarjetas de crédito. De esta manera, los impuestos explican más de una cuarta parte del costo total que deben afrontar los usuarios.
El CFT contempla no solo la tasa de interés, sino también los impuestos y los gastos administrativos asociados al financiamiento. En los préstamos personales, la Tasa Nominal Anual (TNA) promedio se ubica en 66%, mientras que la Tasa Efectiva Anual (TEA) alcanza el 89%. El CFT llega al 124%.
Dentro de ese costo, el componente tributario representa el 27,1%. La estructura incluye un 8,2% correspondiente al IVA nacional, un 16,5% asociado a impuestos provinciales, entre ellos Ingresos Brutos y Sellos, y un 2,4% en tasas municipales.
El impacto es todavía mayor en las tarjetas de crédito. Allí, la TNA promedio llega al 92%, la TEA alcanza el 143% y el CFT efectivo se ubica en 198%. Los impuestos representan en este caso el 28,2% del costo total, compuesto por un 8,4% de IVA, un 17,4% de tributos provinciales y un 2,4% de tasas municipales.
Si bien la tasa de interés continúa siendo el principal componente del costo del financiamiento, el peso de los impuestos tiene una incidencia considerable sobre el monto final que deben afrontar los deudores.
El problema adquiere mayor dimensión ante el incremento de la morosidad. Un análisis del mercado estima que alrededor de seis millones de personas se encuentran en mora y que el volumen total de las deudas alcanza los $16,6 billones. De ese monto, $13,4 billones corresponden a individuos y $3,1 billones a empresas.
El deterioro responde a distintos factores. Durante los períodos de inflación elevada, las deudas tendían a perder peso en términos reales debido a la suba de los ingresos nominales. Con la desaceleración de los precios, ese mecanismo perdió fuerza y las cuotas comenzaron a representar una carga mayor frente a los ingresos.
A esto se suma la evolución de los salarios. A mediados de 2026, el salario real del sector privado todavía se encontraba 3,6% por debajo del nivel registrado en noviembre de 2023. En paralelo, el fuerte aumento de las tasas de interés durante 2025 encareció tanto la toma de nuevos créditos como las alternativas de refinanciamiento.
El aumento de la morosidad también tiene consecuencias sobre el sistema financiero. Frente a un mayor nivel de incumplimientos, las entidades pueden adoptar criterios más restrictivos para otorgar nuevos préstamos, lo que reduce las posibilidades de acceso al crédito.
Esta dinámica puede trasladarse al resto de la economía, ya que un menor financiamiento disponible puede limitar el consumo y la inversión y, de esa manera, dificultar la recuperación de la actividad.

