En contraste, La Pampa se destaca por tener una morosidad de solo 9%. A continuación, se encuentran la Ciudad de Buenos Aires con un 11,7%, Entre Ríos con 13,3%, Santa Fe al 14,3% y Córdoba con 15%.
Estos datos provienen del Mapa de la Deuda, una herramienta interactiva creada por el Centro de Estudios de la Ciudad (CEC) en colaboración con la Fundación Friedrich Ebert (FES), y se basa en información oficial de la Central de Deudores del Banco Central (BCRA) actualizada a junio de 2026. El informe considera a aquellos deudores con atrasos superiores a 90 días como en mora.
Lisandro Mondino, miembro del CEC, comentó que existe “una disparidad muy notoria en términos geográficos entre regiones urbanas”, como el conurbano bonaerense, Rosario y sus alrededores, la ciudad de Córdoba y el Gran Córdoba, donde las tasas de mora superan el 20%. En contraposición, las regiones vinculadas a la agroindustria o de mayores ingresos, como el interior de Buenos Aires, una gran parte de Santa Fe y Córdoba, así como ciertos barrios del norte de la Ciudad de Buenos Aires, presentan cifras más bajas.
Mondino señaló que esta discrepancia “puede asociarse directamente con el desempeño de los diferentes sectores económicos en estos años”, aludiendo a las diferencias entre la agroindustria y otros sectores como el comercio, la construcción y la industria.
En la Ciudad de Buenos Aires, el 81% de los adultos presenta algún tipo de deuda, aunque solo el 11,7% está en mora. Este dato revela una realidad contrastante en comparación con otras jurisdicciones, donde un menor número de personas accede al crédito, pero una mayor proporción muestra atrasos en sus pagos.
Las desigualdades también son evidentes dentro de la propia Ciudad. En barrios del sur, como Villa Soldati, la morosidad alcanza el 20%, mientras que en zonas del norte, como Coghlan y Colegiales, se sitúa entre el 8% y el 10%.
De cara al futuro, Mondino no augura una mejora en la situación. “Hay un problema con el ingreso disponible de la población”, manifestó. Explicó que, en el mejor de los casos, los ingresos apenas han mantenido el ritmo de la inflación, mientras que los costos de tarifas, transporte y combustibles han aumentado a un ritmo superior. Esto ha llevado a muchas familias a tener que decidir entre adquirir alimentos o cumplir con el pago de las cuotas.

