La inflación al consumidor experimentó una baja del 0,4% en junio. Excluyendo alimentos y energía, los precios se mantuvieron estables. Los precios mayoristas también disminuyeron, con una caída del 0,3%, mientras que la canasta de bienes bajó un 1,4%. Estos datos fueron presentados por Kevin Warsh, nuevo presidente de la Reserva Federal, quien afirmó que su principal objetivo es llevar la inflación de regreso a la meta anual del 2%. Sin embargo, estos números podrían haber pasado desapercibidos ante el resurgimiento del conflicto entre Estados Unidos e Irán, que provocó un incremento del 15% en el costo del crudo Brent. La interrogante que persiste es: ¿qué decisiones tomará la Reserva Federal en su reunión de fin de mes? ¿Podrán sustentarse en los resultados favorables de junio o se tratarán de señales pasajeras en un entorno que el expresidente Trump ha azuzado? La posibilidad de un incremento en las tasas de interés antes de que termine el año sigue latente, especialmente tras el fracaso de la tregua en el Golfo Pérsico, cuya ruptura se ha acentuado por las disputas sobre el control de Ormuz.

Por otro lado, la temporada de balances comienza y promete ser espectacular, dando inicio con el pie fuerte. JPMorgan reportó la mayor ganancia trimestral en la historia de un banco, acompañada por resultados sobresalientes de otros competidores, como Bank of America, Citi, Wells Fargo y Goldman Sachs. Sin embargo, esta buena racha no disimuló el impacto del menor desempeño de IBM, que evidenció el costo del creciente gasto en inteligencia artificial (IA). La presión sobre los presupuestos resulta inevitable y las reducciones en otras áreas se vuelven necesarias. IBM sufrió el fenómeno de “crowding out” y sus acciones cayeron un 25% tras el anuncio de sus resultados financieros.

La ambición de los inversores tampoco es ilimitada, aunque su necesidad de inversión lo sea. La reciente salida a bolsa de SpaceX, la compañía de Elon Musk, rompió récords al reunir 75 mil millones de dólares, superando ampliamente el anterior récord de Saudi Aramco en 2019. Sin embargo, luego de debutar en 135 dólares y alcanzar picos cercanos a 225, esta semana la acción culminó por debajo de su valor inicial, cerrando en 124 dólares. La pregunta que flota es: ¿existe suficiente interés para sostener una serie de grandes salidas a bolsa? Cada semana se presenta una respuesta diferente. Un caso ilustrativo es el de SK Hynix, que recaudó 26 mil millones de dólares en una operación resonante el 9 de julio. La ironía es que las acciones del principal fabricante de memoria global no han mostrado la resiliencia esperada. Dada la creciente decepción entre los inversores, podría instaurarse un largo período de inacción, especialmente en el sector de semiconductores, que esta semana dio la bienvenida a su propio mercado bajista. No obstante, el índice SOX todavía mantiene un incremento del 64,8% en lo que va de 2026, lo que sugiere que la situación no es tan crítica.

En esta coyuntura, la inflación, el conflicto bélico y el aumento en los precios del petróleo parecen ser menos determinantes que un reevaluación exhaustiva sobre la inteligencia artificial. El origen de este redescubrir provino de China, puesto que en enero del año pasado se introdujo Deep Seek, marcando un claro recordatorio de que la supremacía de Estados Unidos en IA es relativa. La capacidad de Beijing para disruptir este liderazgo es real y no debería subestimarse.

¿Cuánto tiempo prevalecerá la primacía estadounidense en este campo? ¿Es sostenible el gasto exorbitante para no quedar rezagados en innovación? Moonshot AI, una startup del país asiático, lanzó Kimi 3, un modelo de código abierto con 2,8 millones de parámetros, capaz de competir con los líderes Anthropic y OpenAI, a un costo considerablemente menor. Este desarrollo plantea serias interrogantes sobre el valor de los abultados presupuestos de las grandes empresas tecnológicas. Como resultado, las acciones en el sector de semiconductores cayeron un 10% en la semana y más de un 20% desde sus picos de junio. Sin embargo, no todo es negativo; los inversores en bonos mostraron presencia, y las tasas, tanto a corto como a largo plazo, han mostrado cierta flexibilización. Si el gasto en inteligencia artificial se controla y no provoca un incremento en los gastos de infraestructura, se podría esperar cierto equilibrio en el mercado.

En la última semana, el S&P 500 experimentó una caída del 1,5%, mientras que el Nasdaq 100, que había incorporado rápidamente a SpaceX en su cartera, descendió un 4%. El índice XAU, que abarca las acciones mineras de oro y plata, retrocedió un 5,8%, afectado por la guerra, mientras que el sector energético creció un 4,7%.

Lejos de desalentarse, se podría ver como un análisis oportuno. En un contexto económico sólido, lo recomendable es evitar excesos de euforia. No resulta sencillo gestionar el auge de la inteligencia artificial ni protegerse de sus desenfrenos. Por ello, es aconsejable realizar ajustes antes de escalar la montaña. La guerra y la innovación tecnológica siguen poniendo a prueba la bolsa constantemente. Actualmente, las empresas de menor tamaño parecen estar respondiendo de manera más efectiva que las más establecidas.

Durante esta semana de fuertes movimientos, el Russell 2000 solo cayó un 0,5%, mientras que el S&P Small Caps 600 subió un 0,38%. Estos brotes de crecimiento en un contexto incierto son indicativos de una economía en buena salud, que también respalda la fortaleza de los bancos, reflejada por un aumento del 0,89% en el índice KBW. De este modo, Wall Street se aferra a las oportunidades que la volatilidad presenta y mantiene sus esperanzas en resultados de balances positivos, con una visión favorable entre las compañías desde el inicio del año.

By admin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *